Customs Henri Julien Felix Rousseau (1844-1910)
Henri Julien Felix Rousseau – Customs
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Pintor: Henri Julien Felix Rousseau
Rousseau recibió el apodo de diletante por su peculiar forma de pintar, aunque sus cuadros fueron admirados por Picasso y su entorno. El motivo de estas críticas tan poco halagüeñas era la forma en que Rousseau pintaba sus cuadros. El pintor percibió el mundo con total facilidad. Esta ligereza no fue correspondida por la crítica, que consideró sus cuadros demasiado ingenuos. Al abandonar por completo las estrictas reglas académicas, el maestro liberó tanto su mente como su propio trabajo. Este desenfado también está presente en el cuadro Customs House.
Descripción del cuadro "Costumbres" de Henri Rousseau
Rousseau recibió el apodo de diletante por su peculiar forma de pintar, aunque sus cuadros fueron admirados por Picasso y su entorno. El motivo de estas críticas tan poco halagüeñas era la forma en que Rousseau pintaba sus cuadros.
El pintor percibió el mundo con total facilidad. Esta ligereza no fue correspondida por la crítica, que consideró sus cuadros demasiado ingenuos. Al abandonar por completo las estrictas reglas académicas, el maestro liberó tanto su mente como su propio trabajo.
Este desenfado también está presente en el cuadro Customs House. Aquí el artista ha representado el lugar de su obra. Al fin y al cabo, se sabe que Rousseau trabajó como funcionario de aduanas, lo que también sorprendió mucho a los bohemios y al espectador.
La intensidad de la luz y los claros contornos de las formas de los objetos representados son característicos de la pintura. Estas características se han convertido en un icono en todas las obras de Rousseau. El pintor elaboró meticulosamente los finos detalles del cuadro, por lo que se le acusó de ser aún más ingenuo.
El cuadro "Costumbres" se diferencia de los impresionistas de la época: Rousseau elige dos colores principales y utiliza todos los matices posibles. Se percibe el predominio del verde y el negro en el cuadro. Los colores naturales dan a la pintura una sensación de realismo. Pero al representar un día ordinario entre una serie de días de trabajo similares, Rousseau pudo lograr el efecto de distanciamiento. Es como si todo lo que sucede no le concierne a él ni al espectador. Es como mirar en un universo paralelo donde todo parece igual, pero no es lo mismo.
El lienzo está lleno de la confianza con la que el artista aplicó sus trazos y sus conocimientos. Rousseau sabía exactamente lo que estaba retratando: un vasto mundo en el que el hombre coexiste con la naturaleza como parte de ella.
La confianza del autor se debía a sus escasos medios, que le obligaban a pintar al óleo de una vez, sin hacer antes un boceto al carbón. Esto, a su vez, permitió a Rousseau representar con audacia lo que veía, creando una nueva obra en el lienzo.
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El paisaje tras la verja revela una topografía ondulante, coronada por un edificio de arquitectura imponente, posiblemente religioso, cuya aguja se eleva hacia el cielo. En segundo plano, chimeneas industriales emergen entre los árboles, sugiriendo una actividad económica que contrasta con la aparente tranquilidad del entorno inmediato. La vegetación es densa y uniforme, compuesta principalmente por cipreses y otros árboles de hoja perenne, que contribuyen a la sensación de orden y control.
La paleta cromática se caracteriza por tonos terrosos y apagados: verdes oliva, marrones ocres y grises cenitales. La luz es difusa y homogénea, sin sombras marcadas, lo que acentúa la atmósfera opresiva y contemplativa. El cielo, apenas visible entre la vegetación, parece plomizo y cargado de presagios.
Más allá de una simple representación del entorno, esta pintura plantea interrogantes sobre el progreso industrial, la autoridad y la relación entre el hombre y la naturaleza. La presencia de las figuras vestidas formalmente sugiere un sistema jerárquico y una función específica dentro de ese contexto. La verja actúa como una barrera física y simbólica, separando dos mundos: uno aparentemente controlado y ordenado, otro más salvaje e impredecible.
El edificio religioso en la lejanía podría interpretarse como un símbolo de tradición y espiritualidad, contrastando con las chimeneas que representan el avance tecnológico y la explotación de los recursos naturales. La quietud generalizada de la escena, interrumpida únicamente por la presencia humana, transmite una sensación de resignación o incluso de alienación frente a los cambios sociales y económicos que se están produciendo. En definitiva, la obra invita a la reflexión sobre las consecuencias del progreso y el impacto del hombre en su entorno.