Henri Julien Felix Rousseau – Rousseau (45)
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El entorno es igualmente peculiar. Un denso follaje de árboles con hojas doradas enmarca la escena, creando una atmósfera irreal y casi teatral. El cielo, de un azul pálido, presenta nubes dispersas que aportan una sensación de profundidad, aunque la perspectiva general se siente comprimida y estilizada. La presencia de una valla blanca, situada a una altura inusual, delimita el espacio del juego, pero también contribuye a la extrañeza de la composición.
La pintura no busca replicar la realidad con fidelidad; más bien, parece explorar un mundo onírico donde las convenciones de la perspectiva y la representación se diluyen. La ausencia de una narrativa clara o de una emoción palpable en los rostros de los personajes invita a múltiples interpretaciones. Podría sugerir una reflexión sobre el ritual del juego, la competición, o incluso una crítica sutil a la artificialidad de ciertas actividades sociales.
El uso deliberado de colores vibrantes y contrastantes acentúa la naturaleza fantasiosa de la escena. La disposición simétrica de los personajes y la estructura formal de la composición sugieren un interés por el orden y la armonía, aunque este orden se ve perturbado por la singularidad del entorno y las figuras. En definitiva, la obra presenta una visión peculiar y evocadora de un momento deportivo, trascendiendo la mera representación para adentrarse en un territorio más simbólico y expresivo.