Henri Julien Felix Rousseau – Rousseau (65)
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En primer plano, un león dorado se presenta con una expresión tensa, sus ojos fijos en el espectador. Su postura sugiere una inminente reacción, como si estuviera al acecho o esperando un ataque. A su izquierda, incrustado entre la vegetación, se observa un rostro humano esculpido en piedra, cuya presencia introduce un elemento de misterio y simbolismo ambiguo.
En el extremo derecho del lienzo, una figura humana, vestida con ropas oscuras y portando un arma de fuego, se encuentra oculta parcialmente tras una maraña de follaje. Su posición sugiere una actitud de vigilancia o incluso amenaza, estableciendo una relación tensa entre el hombre y la fauna salvaje.
La composición carece de perspectiva tradicional; los elementos parecen estar dispuestos en un plano único, lo que contribuye a una sensación de irrealidad y a una atmósfera onírica. La luz es difusa y uniforme, sin fuentes claras, acentuando aún más esta cualidad fantástica.
Subyacentemente, la obra parece explorar temas de confrontación entre el hombre y la naturaleza, así como la fragilidad de la civilización frente al poder indomable del mundo salvaje. La inclusión del rostro esculpido podría interpretarse como una referencia a la memoria, a la historia o a la presencia persistente de lo antiguo en un entorno aparentemente nuevo. El acto de apuntar con el arma sugiere una potencial violencia y una intrusión humana en un ecosistema que preexiste a su existencia. En definitiva, se trata de una representación cargada de simbolismo, donde la exuberancia natural coexiste con una palpable sensación de peligro latente.