Henri Julien Felix Rousseau – The Dream
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La obra presenta una escena onírica y exuberante, dominada por un denso follaje tropical bajo la luz tenue de una luna llena. En primer plano, se observa una figura femenina recostada sobre un diván rojo oscuro; su desnudez es evidente, aunque no explícita en su erotismo, sino más bien idealizada y serena. La mujer mira hacia el espectador con una expresión ambigua, casi ausente, como si estuviera inmersa en sus propios pensamientos o en un sueño profundo.
El entorno que la rodea está poblado por una flora variada y de gran tamaño: flores azules, plantas amarillas y árboles frutales cargados de naranjas. Esta vegetación no responde a una representación naturalista; se percibe una cierta artificialidad y repetición que sugiere un paisaje imaginario o simbólico.
La presencia de animales introduce elementos inquietantes en la composición. Un león, con la boca abierta en un rugido silencioso, se encuentra situado cerca del diván, observando a la mujer. A su lado, un mono, también mirando hacia ella, sostiene un objeto alargado y colorido que podría interpretarse como una vara o cetro. Otros animales, menos definidos, se vislumbran entre las hojas.
La paleta de colores es rica y vibrante, con predominio de tonos verdes oscuros, rojos intensos y azules profundos. La luz lunar crea contrastes marcados y acentúa la atmósfera misteriosa y enigmática de la escena.
Subtextos potenciales:
El diván rojo puede simbolizar el deseo o la pasión contenida. El león, tradicionalmente asociado con la fuerza y el poder, podría representar una amenaza latente o un instinto primario. La figura femenina desnuda evoca la fertilidad, la vulnerabilidad y la conexión con la naturaleza. El mono, a menudo vinculado a la astucia y la imitación, introduce un elemento de ambigüedad y juego.
La combinación de estos elementos sugiere una exploración de los sueños, el inconsciente y las pulsiones internas. La escena podría interpretarse como una representación del conflicto entre la razón y el instinto, o como una metáfora de la búsqueda de la identidad y la autorrealización. La luna llena, símbolo arquetípico de lo femenino y lo oculto, refuerza la atmósfera onírica y misteriosa de la obra. En general, se trata de una composición compleja que invita a múltiples interpretaciones y reflexiones sobre la naturaleza humana y el mundo interior.