Nicolas Poussin – Bacanal
Ubicación: Prado, Madrid.
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La paleta cromática es rica y cálida, dominada por tonos ocres, dorados y rojizos que intensifican la atmósfera de opulencia y decadencia. El uso de la luz es contrastado: áreas iluminadas resaltan la piel desnuda y los detalles anatómicos, mientras que otras quedan sumidas en una penumbra misteriosa, contribuyendo a la sensación de caos y desorden.
En el primer plano, se aprecia un hombre con una expresión de éxtasis, aparentemente entregado a los placeres del momento. A su alrededor, otros personajes participan en actividades festivas: algunos beben de copas, otros se abrazan o juegan, mientras que otros parecen dormitar bajo la influencia del alcohol. La presencia de frutas y ofrendas sugiere una celebración ritualística, posiblemente relacionada con el culto a Dionisio o Baco.
En la parte superior central, dos figuras aladas, presumiblemente querubines, observan la escena desde lo alto, añadiendo una dimensión moralizante a la representación. Su posición sugiere un juicio divino sobre los excesos que se están llevando a cabo abajo. Esta yuxtaposición entre el desenfreno terrenal y la mirada celestial crea una tensión subyacente en la obra.
La composición es dinámica y asimétrica, con las figuras distribuidas de manera irregular para generar una sensación de movimiento constante. El artista ha empleado un enfoque perspectívico poco convencional, que contribuye a la impresión de inmersión total en el festín.
Más allá de la mera representación de una fiesta desenfrenada, esta pintura parece explorar temas como la dualidad entre razón e instinto, la fragilidad del control humano y la tentación del placer prohibido. La obra invita a reflexionar sobre los límites de la indulgencia y las consecuencias de ceder ante los deseos más primarios. La presencia de elementos simbólicos, como el vino, la fruta y las figuras aladas, sugiere una complejidad interpretativa que trasciende la simple descripción de un bacanal.