Henry Pether – Lambeth Palace
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El río, elemento central de la composición, ocupa gran parte del espacio y refleja la luz lunar, creando senderos luminosos que guían la mirada hacia el horizonte. En la orilla opuesta, se vislumbran otras edificaciones, más modestas, y algunos veleros anclados o navegando a lo lejos. La presencia de estos barcos aporta una sensación de movimiento y conexión con un mundo exterior, contrastando con la quietud del palacio.
En primer plano, tres figuras humanas caminan por el terraplén, pequeñas en comparación con la monumentalidad del entorno. Su andar pausado sugiere una reflexión personal o una conversación íntima bajo la luz de la luna. La presencia de embarcaciones varadas en la orilla refuerza la idea de un momento detenido, de una pausa en el tiempo.
La iluminación es crucial para establecer el tono general de la obra. El autor ha empleado una técnica que enfatiza los contrastes entre luces y sombras, con la luna como fuente principal de luz. Esta luz no solo ilumina el río sino que también crea una atmósfera misteriosa alrededor del palacio, sugiriendo secretos o historias ocultas tras sus muros.
El cielo nocturno, cubierto por nubes dispersas, contribuye a la sensación de inmensidad y soledad. La luna, ubicada en un punto central, actúa como un faro que guía la mirada y simboliza quizás la esperanza o la claridad en medio de la oscuridad.
Subtextualmente, la pintura podría interpretarse como una reflexión sobre el poder, la historia y la naturaleza transitoria de la existencia humana. El palacio representa la autoridad y la tradición, mientras que el río simboliza el flujo constante del tiempo y la vida. Las figuras humanas, insignificantes ante la grandiosidad del paisaje, nos recuerdan nuestra propia fragilidad y temporalidad. La escena evoca una sensación de nostalgia y melancolía, invitando a la contemplación y a la reflexión sobre el significado de la vida.