George Dawe – Portrait of Princess Charlotte of Wales and Saxe Coburg
Ubicación: Museum of New Zealand Te Papa Tongarewa, Wellington.
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La modelo está representada de perfil, girando sutilmente su rostro hacia el espectador. Su expresión es serena, casi melancólica; los ojos, grandes y oscuros, transmiten una cierta introspección. El cabello, peinado con elaborados rizos que se elevan desde la frente, está adornado con joyas discretas pero ostentosas. La vestimenta revela un gusto refinado: un vestido de corte imperio, con escote bajo bordado con delicadas flores y detalles dorados, complementado por una capa azul oscuro drapeada sobre sus brazos. Se aprecia en su pecho una insignia o medalla que denota pertenencia a una orden o distinción social.
El fondo es complejo y contribuye a la atmósfera general de la obra. A la izquierda, se vislumbra un paisaje brumoso, con tonos pastel que sugieren un atardecer o el amanecer. A la derecha, una cortina roja carmesí, ricamente decorada con drapeados y adornos dorados, enmarca parcialmente la figura, acentuando su presencia y creando una sensación de opulencia. Una columna, también cubierta por un tejido similar a la cortina, se eleva detrás de ella, reforzando la idea de un entorno palaciego o noble.
La iluminación es suave y difusa, con un foco principal sobre el rostro de la modelo, que resalta sus facciones y acentúa su expresión. El uso del claroscuro es sutil pero efectivo para modelar las formas y crear una sensación de profundidad.
Más allá de la representación literal, esta pintura parece sugerir subtextos relacionados con la identidad social y el estatus. La elegancia de la vestimenta, los adornos, el entorno palaciego y la expresión contenida de la modelo apuntan a un retrato encargado para celebrar o perpetuar una posición privilegiada en la sociedad. La melancolía sutil que se percibe en su rostro podría interpretarse como una alusión a las responsabilidades inherentes a su rango social, o quizás como una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la belleza. La composición, aunque formal, permite vislumbrar una cierta vulnerabilidad en la figura retratada, lo cual añade complejidad a la interpretación de la obra.