Johan Klopper – Trompe l’oeil
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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En esta composición, la mirada se enfrenta a una ilusión meticulosamente construida: un muro de madera con diversos elementos adheridos, creando una sensación palpable de profundidad y realismo. El fondo, el propio muro, está tratado con gran detalle, resaltando la veta de la madera y su textura rugosa, lo que contribuye a la verosimilitud general del conjunto.
A la izquierda, un retrato al busto, posiblemente de carácter clásico, se presenta sobre un soporte improvisado. La figura, representada en blanco y negro, evoca la tradición escultórica romana o griega, sugiriendo una conexión con el pasado y la erudición. En contraste, a la derecha, un retrato ovalado, en color, muestra a una joven que parece observar al espectador desde dentro de su marco. Su expresión es sutil, quizás melancólica, y su presencia introduce una nota de intimidad y misterio.
La parte inferior del cuadro se llena con una estantería rústica sobre la cual se amontonan numerosos dibujos, bocetos y papeles. Se distinguen estudios de rostros, paisajes fragmentados, e incluso lo que parecen ser páginas escritas en un idioma desconocido. La acumulación de estos objetos sugiere un espacio de trabajo creativo, un laboratorio mental donde ideas se gestan y se plasman. Los pinceles, junto a una pluma sumergida en tinta dentro de un tintero, refuerzan esta interpretación. La presencia de un hueso de ave, colocado sobre los papeles, introduce un elemento inesperado, casi macabro, que podría aludir a la fugacidad del tiempo y la inevitabilidad de la decadencia.
El juego de luces y sombras es fundamental para el efecto trompe l’oeil. La luz incide sobre los objetos desde una dirección lateral, creando reflejos y sombras que acentúan su volumen y su realismo. Esta iluminación estratégica contribuye a la ilusión de que los elementos representados están realmente adheridos al muro.
Más allá de la mera representación de objetos cotidianos, esta pintura parece explorar temas como la memoria, el conocimiento, la creatividad y la relación entre el arte y la realidad. La yuxtaposición de elementos clásicos con otros más efímeros sugiere una reflexión sobre la naturaleza del tiempo y la importancia de preservar el legado cultural. La acumulación desordenada de papeles y bocetos podría interpretarse como una metáfora de la mente humana, un espacio complejo y caótico donde se entrelazan ideas, recuerdos y emociones. La imagen invita a la contemplación silenciosa, desafiando al espectador a cuestionar los límites entre lo real y lo ilusorio.