Sotheby’s – Constantin Corovin - The Boulevard of Sevastopol, 1923
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La composición está dominada por líneas diagonales que enfatizan la profundidad y dinamismo del espacio. Los edificios, de arquitectura burguesa con balcones y ventanas, se alinean a ambos lados del bulevar, creando una sensación de orden y permanencia. Sin embargo, esta estructura formal contrasta con la vitalidad que emana de la calle misma.
La multitud es un elemento central en la escena. Se perciben figuras humanas dispersas a lo largo del bulevar, algunas caminando, otras esperando el transporte público. La representación de estas personas es esquemática, casi caricaturesca, sugiriendo una cierta impersonalidad y anonimato inherentes a la vida urbana moderna. La presencia de un tranvía, con sus pasajeros apretujados, refuerza esta idea de movimiento constante y flujo humano.
El tratamiento de la luz es particularmente notable. El artista empleó pinceladas sueltas y vibrantes para capturar los reflejos del sol sobre el pavimento y las fachadas de los edificios. La paleta cromática se caracteriza por tonos cálidos – amarillos, ocres, dorados – que contrastan con los azules y grises presentes en la sombra y en la atmósfera lejana. Esta contraposición crea una sensación de luminosidad y vitalidad, pero también sugiere una cierta melancolía o nostalgia.
En cuanto a subtextos, se puede inferir una reflexión sobre el progreso urbano y sus efectos en la sociedad. La grandiosidad del bulevar y la multitud de personas sugieren un período de prosperidad y modernización, pero al mismo tiempo, la impersonalidad de las figuras humanas y la atmósfera ligeramente melancólica pueden interpretarse como una crítica a la deshumanización inherente a la vida urbana. La imagen evoca una sensación de transitoriedad y cambio constante, características definitorias de la experiencia moderna. La escena parece capturar un instante fugaz en el tiempo, invitando al espectador a contemplar la complejidad de la vida urbana y sus implicaciones sociales y emocionales.