Sotheby’s – Claude Monet - The Pool with Waterlilies, 1917-19
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La paleta cromática es esencialmente verde, pero no un verde uniforme. Se observan matices que van desde los tonos más oscuros y terrosos hasta los más luminosos y casi translúcidos. El azul se introduce sutilmente en algunas áreas, insinuando la profundidad del agua y creando una sensación de atmósfera brumosa. Puntos escarlata, presumiblemente flores de nenúfar, emergen como focos de color que rompen con la predominancia verdosa.
La pincelada es suelta y vibrante, aplicada en toques cortos y rápidos que contribuyen a la impresión de movimiento y fluidez. No se busca una representación mimética de la realidad; más bien, el artista parece interesado en capturar la esencia misma del instante, la fugacidad de la luz sobre el agua. La textura pictórica es palpable, casi táctil, invitando al espectador a imaginar la sensación de la superficie pintada.
Más allá de la mera descripción visual, esta obra evoca una atmósfera de quietud y contemplación. El estanque se convierte en un espacio introspectivo, un refugio del mundo exterior. La ausencia de figuras humanas refuerza esta idea de aislamiento y serenidad. Se percibe una intención de transmitir no tanto un lugar específico como un estado anímico: la paz que emana de la naturaleza, la belleza efímera del instante presente. El uso recurrente de reflejos sugiere una reflexión sobre el propio acto de ver, una invitación a cuestionar la percepción y la realidad. La obra, en su aparente simplicidad, encierra una complejidad emocional y conceptual que invita a múltiples interpretaciones.