Sotheby’s – Marcel Dyf - The Hill of Gaude, 1975
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El primer plano está ocupado por una extensión de hierba seca, pintada con pinceladas gruesas y vibrantes que capturan la textura y el movimiento del viento. Algunos árboles esqueléticos, desprovistos de follaje, se alzan sobre esta cubierta vegetal, sus ramas retorcidas apuntando hacia el cielo. A la derecha, una figura humana, pequeña en escala, parece estar sentada o inclinada, integrándose discretamente en el entorno.
La colina central constituye el punto focal del cuadro. Su superficie está cubierta de vegetación de tonos terrosos – ocres, marrones y rojizos – que sugieren un suelo seco y expuesto al sol. Sobre la cima se despliegan varias construcciones: casas con tejados rojos y una estructura más imponente que podría ser una iglesia o algún otro edificio público. La disposición de estas edificaciones es aparentemente aleatoria, pero contribuye a crear una sensación de comunidad y arraigo en el lugar.
El cielo, pintado con tonos pálidos y difusos, se extiende como un telón de fondo neutro que permite destacar la calidez de los colores del paisaje. Una ligera bruma o neblina parece envolver las montañas distantes visibles a la derecha, añadiendo una sensación de misterio y lejanía.
La técnica pictórica es expresiva y gestual. Las pinceladas son visibles y enérgicas, transmitiendo una impresión de vitalidad y espontaneidad. El uso del color es deliberado: los tonos cálidos dominan la escena, evocando sensaciones de calidez, nostalgia y conexión con la tierra.
Más allá de la representación literal del paisaje, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre el paso del tiempo, la fragilidad de la naturaleza y la persistencia de la vida humana en un entorno rural. La figura solitaria a la derecha podría interpretarse como una metáfora de la soledad o la contemplación, mientras que las edificaciones en la cima de la colina simbolizan la esperanza y la continuidad cultural. El conjunto transmite una atmósfera melancólica pero serena, invitando al espectador a detenerse y reflexionar sobre la belleza efímera del mundo natural.