Sotheby’s – Henri Lebasque - Villefranche-sur-Mer, Window Viewing on the Sea, 1926
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La composición se articula en varios planos. En primer término, destaca el marco de la ventana, delineado con trazos gruesos y oscuros que enfatizan su presencia física y delimitan la vista. El agua ocupa gran parte del espacio central, representada con una paleta dominada por azules y verdes, que sugieren profundidad y movimiento ondulatorio. Una multitud de embarcaciones a vela, mayormente blancas, se desplazan sobre la superficie acuática, sus velas capturadas en diferentes ángulos, transmitiendo una sensación de dinamismo y libertad.
En el horizonte, la población costera emerge como un conjunto de volúmenes cúbicos, pintados con tonos cálidos – amarillos, ocres y blancos – que contrastan con la frialdad del agua. Una colina o montaña se alza detrás de la ciudad, difuminada en una atmósfera brumosa que reduce su nitidez y contribuye a la sensación de distancia.
La pincelada es expresiva y libre, con trazos visibles que sugieren una ejecución rápida e intuitiva. La luz parece provenir de un punto fuera del cuadro, iluminando las velas de los barcos y creando reflejos en el agua. No hay una búsqueda de detalle realista; más bien, se prioriza la impresión general y la atmósfera.
Subtextualmente, la obra evoca una sensación de tranquilidad y contemplación. La ventana actúa como un filtro entre el interior del observador y el mundo exterior, sugiriendo una separación física y psicológica. La escena costera, con sus barcos a vela y su población pintoresca, simboliza quizás la búsqueda de evasión, de un refugio frente a las preocupaciones cotidianas. La atmósfera brumosa y la paleta de colores suaves contribuyen a crear una sensación de ensueño y nostalgia. Se intuye una reflexión sobre el paso del tiempo y la fugacidad de los momentos placenteros. El cuadro no solo representa un paisaje, sino que también transmite una experiencia subjetiva, un instante de quietud y observación en medio de la vida.