Sotheby’s – Camille Pissarro - The House of Piette at Montfoucault, 1874
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La composición está estructurada por una amplia extensión de césped verde, que ocupa gran parte del primer plano. Este prado se extiende hasta encontrarse con los árboles que enmarcan la vivienda, creando una sensación de profundidad y amplitud. Los árboles, representados con pinceladas sueltas y vibrantes, exhiben un follaje denso y luminoso, aunque algunos parecen despojados de sus hojas, lo que podría indicar una estación intermedia entre el verano y el otoño.
En primer plano, a la izquierda, se distingue la figura de una persona vestida con ropas oscuras, aparentemente absorta en alguna tarea o contemplación. Su presencia introduce un elemento humano en la escena, aunque su escala reducida sugiere una relación de subordinación al entorno natural.
La luz es difusa y uniforme, sin sombras marcadas, lo que contribuye a la atmósfera general de quietud y tranquilidad. El cielo, cubierto por nubes grises, no impone un dramatismo particular, sino que refuerza la sensación de calma y estabilidad.
El uso del color es notablemente sutil. Predominan los verdes en sus múltiples tonalidades, desde el verde brillante del césped hasta los tonos más oscuros y terrosos de los árboles. Los grises y ocres se utilizan para representar la construcción y las nubes, creando un contraste suave con el verdor circundante.
Subtextualmente, la obra parece evocar una reflexión sobre la vida rural y su conexión con la naturaleza. La vivienda, aunque presente, no es el elemento dominante; más bien, se integra en el paisaje como parte de él. La figura humana, pequeña e insignificante frente a la inmensidad del entorno, podría interpretarse como una metáfora de la fragilidad humana y su relación con el mundo natural. El cuadro transmite una sensación de paz y contemplación, invitando al espectador a sumergirse en la atmósfera serena del lugar representado. La ausencia de figuras o elementos que sugieran actividad o conflicto refuerza esta impresión de quietud y armonía.