Guercino – Et in Arcadia Ego
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Aquí se observa una composición de marcado contraste entre la luz y la sombra, característica que domina la escena. Dos figuras masculinas, vestidas con ropajes pastoriles y un gorro rojo en uno de ellos, emergen de la oscuridad de un árbol frondoso para contemplar algo situado al frente. El hombre a la izquierda, de rostro pálido y expresión melancólica, se apoya en el tronco del árbol, mientras que su compañero, con barba incipiente, lo observa con una mirada más intensa y concentrada. Ambos sostienen lanzas o palos, sugiriendo un contexto rural o de caza.
En primer plano, sobre una piedra toscamente labrada, descansa un cráneo humano. La iluminación directa sobre este elemento enfatiza su presencia macabra, convirtiéndolo en el punto focal de la composición. La inscripción grabada en la piedra, aunque parcialmente ilegible, añade una capa de misterio y complejidad a la interpretación.
El paisaje que se extiende detrás de las figuras es bucólico, con árboles dispersos y un lago o estanque visible a lo lejos. Sin embargo, el cielo está cubierto por nubes oscuras, creando una atmósfera de inquietud y presagio. La paleta de colores es limitada, dominada por tonos terrosos y ocres, acentuados por el blanco de la camisa del joven y el rojo del gorro.
La pintura plantea interrogantes sobre la naturaleza de la existencia humana y la inevitabilidad de la muerte. El cráneo, símbolo universal de mortalidad, se presenta como una intrusión en un escenario aparentemente idílico, sugiriendo que incluso en los lugares más placenteros y despreocupados, la conciencia de la fugacidad de la vida está presente. La inscripción en la piedra podría aludir a una presencia espectral o a una reflexión sobre el pasado, insinuando que incluso aquellos que disfrutaron de la felicidad en Arcadia (un lugar mítico de dicha pastoral) no escaparon al destino final.
La mirada de los personajes hacia el cráneo sugiere una contemplación profunda y quizás un reconocimiento sombrío de su propia mortalidad. El contraste entre la belleza del paisaje y la presencia inquietante del cráneo genera una tensión emocional que invita a la reflexión sobre la fragilidad de la vida y la naturaleza transitoria de todas las cosas. La escena, en definitiva, parece explorar el tema memento mori, recordándonos la inevitabilidad de la muerte como parte integral de la experiencia humana.