Godofredo Ortega Munoz – CAILQTOZ
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La banda inferior está dominada por un tono terroso, rojizo-marrón, con la presencia de formas circulares blancas, ligeramente elevadas sobre el plano general. Estas figuras, que podrían interpretarse como charcos o depresiones en el terreno, introducen una nota de contraste y sugieren una superficie irregular, moldeada por procesos naturales.
La franja central se presenta como un campo cultivado, delineado con líneas paralelas que enfatizan la regularidad y la artificialidad del paisaje. El color predominante es un verde oliva apagado, que aporta una sensación de calma y estabilidad. Esta zona parece extenderse hasta el horizonte, creando una ilusión de profundidad limitada pero controlada.
Finalmente, la banda superior muestra una extensión cubierta por lo que parecen ser montículos o pequeños terraplenes, dispuestos en filas horizontales. Estos elementos están construidos con un material más oscuro, posiblemente tierra o piedras, y se distinguen del fondo gracias a su textura irregular y su color contrastante.
La pintura transmite una sensación de quietud y contemplación. La ausencia de figuras humanas o animales refuerza la idea de un paisaje deshabitado, donde la naturaleza se presenta en su estado más esencial. El uso deliberado de formas geométricas y colores planos sugiere una intención de abstraer la realidad, buscando capturar no tanto la apariencia visual del lugar, sino más bien su esencia o atmósfera particular. La repetición de líneas horizontales genera un ritmo visual que invita a la reflexión sobre el paso del tiempo y la persistencia de los ciclos naturales. Podría interpretarse como una meditación sobre la relación entre el hombre y la tierra, o como una exploración de las posibilidades expresivas de la forma y el color en sí mismos. La firma del artista, ubicada discretamente en la esquina inferior derecha, no interrumpe la armonía general de la composición, sino que se integra sutilmente en el conjunto.