Godofredo Ortega Munoz – CAM72DMP
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El tratamiento pictórico es deliberadamente plano; no se busca la ilusión de profundidad tridimensional mediante técnicas tradicionales de perspectiva o sombreado. En cambio, prevalece una sensación de bidimensionalidad que enfatiza la naturaleza constructiva del paisaje, como si estuviera formado por capas superpuestas y apiladas. La pincelada es visible, vigorosa, con trazos largos y paralelos que refuerzan la horizontalidad dominante.
La parte inferior del cuadro presenta un terreno más irregular, cubierto de una vegetación escasa y seca, pintada con tonos rojizos y marrones. Esta zona contrasta con la verticalidad imponente de las capas superiores, creando una tensión visual entre lo terrenal y lo geológico. El cielo, representado como una franja uniforme de color azul claro, contribuye a la sensación de vastedad y aislamiento del lugar.
Subtextualmente, la obra parece sugerir una reflexión sobre el tiempo geológico y la fuerza erosiva de la naturaleza. Las capas sedimentarias revelan un pasado profundo, mientras que la vegetación seca alude a la aridez y la fragilidad del entorno. La ausencia de figuras humanas o elementos narrativos concretos invita a una contemplación silenciosa de la inmensidad y el poderío de la tierra. La composición, con su repetición de líneas horizontales y su paleta de colores terrosos, evoca una sensación de melancolía y desolación, pero también de una belleza austera y monumental. La simplificación formal y la reducción a lo esencial sugieren una búsqueda de la esencia del paisaje, más allá de su apariencia superficial.