Godofredo Ortega Munoz – CASDEZG9
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Sobre este primer plano, se extiende una zona central que ocupa la mayor parte del espacio pictórico. Aquí, el artista ha representado lo que parecen ser viñedos, con las característicos patrones formados por los parrales. La paleta cromática es más terrosa: ocres, marrones y verdes oscuros predominan, creando una atmósfera densa y opresiva. Las líneas rectas que delimitan las hileras de vides se repiten insistentemente, generando un efecto geométrico casi obsesivo.
En el horizonte, la tierra se eleva ligeramente, delineada con tonos más apagados y difusos. El cielo, apenas insinuado en la parte superior, es una franja uniforme de color grisáceo que acentúa la sensación de encierro y limitación del espacio.
La ausencia casi total de figuras humanas o animales refuerza esta impresión de desolación y aislamiento. No se trata de una representación naturalista, sino más bien de una interpretación subjetiva del paisaje, donde la forma y el color se subordinan a una expresión emocional. La repetición de los patrones geométricos podría interpretarse como una metáfora de la rutina, el trabajo arduo o incluso la opresión social. La intensidad cromática en las zonas centrales sugiere una carga simbólica que trasciende la mera descripción del entorno rural. Se intuye una reflexión sobre la relación entre el hombre y la tierra, marcada por la laboriosidad, pero también por un cierto fatalismo. La pintura transmite una sensación de quietud melancólica, donde la belleza natural se ve eclipsada por una atmósfera de pesimismo latente.