Kiyonobu – kiyonobu3
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La obra presenta dos personajes centrales dispuestos en una relación jerárquica evidente. En la parte superior, una figura andrógina, presumiblemente divina o mitológica, se alza con una postura teatral y exagerada. Su rostro muestra una expresión de furia contenida, con los ojos entrecerrados y la boca ligeramente abierta. Sostiene un objeto alargado, posiblemente un cetro o bastón, adornado con motivos florales que contrastan con su actitud belicosa. La vestimenta es elaborada, con pliegues marcados y detalles decorativos que sugieren una posición de poder y autoridad.
En la parte inferior, se encuentra una figura demoníaca, robusta y grotesca, con un rostro deformado por la ira y el dolor. Su cuerpo está cubierto con lo que parecen ser armaduras o protecciones, delineadas en negro para enfatizar su fuerza bruta. La postura de esta criatura es encorvada, como si estuviera sometida a una presión abrumadora. Sus manos extendidas sugieren un gesto de súplica o desesperación ante la figura superior.
La disposición vertical de los personajes acentúa la diferencia de estatus entre ambos. El contraste en sus actitudes –la furia contenida del ser divino frente al sufrimiento palpable del demonio– sugiere una narrativa de conflicto y sumisión. La presencia de caracteres japoneses escritos a un lado, probablemente texto explicativo o poesía, añade una capa de significado cultural que requiere mayor investigación para su plena comprensión.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una alegoría sobre el poder, la justicia divina y la resistencia frente a la opresión. El demonio, aunque imponente en su físico, se presenta como un ser derrotado, mientras que la figura superior encarna una autoridad implacable e ineludible. La composición, con sus líneas diagonales y contrastes de color, transmite una sensación de tensión y movimiento constante, reflejando la naturaleza turbulenta del conflicto representado. El uso de motivos florales en contraste con las figuras amenazantes podría simbolizar la fragilidad de la belleza frente a la fuerza destructiva.