Octavianus Montfort – Vase with flowers and insects
Ubicación: Academy Carrara (Accademia Carrara), Bergamo.
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Aquí se observa una composición de flores y elementos naturales dispuestas en un jarrón de cerámica. La escena se presenta sobre una superficie horizontal que actúa como repisa o mesa, delimitando el espacio pictórico. El fondo es neutro, con una tonalidad terrosa que acentúa la luminosidad de los objetos representados.
El jarrón, de forma bulbosa y coloración ocres, ocupa un lugar central en la composición. De él emanan diversos tipos de flores: tulipanes de intenso carmín, rosas delicadas de tono rosado, iris azules con sus pétalos extendidos y pequeñas flores silvestres que aportan una sensación de abundancia y vitalidad. La disposición no es simétrica; las flores se inclinan y se entrelazan, creando un efecto de movimiento y espontaneidad.
Un elemento significativo son los insectos presentes en la obra. Se distinguen mariposas con sus alas desplegadas, una libélula suspendida en el aire y un escarabajo posado sobre la repisa. Estos seres alados no se integran simplemente como detalles decorativos; su presencia introduce una dimensión simbólica relevante. Sugieren la fragilidad de la belleza, la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad del cambio. La delicadeza de las flores contrasta con la naturaleza efímera que representan los insectos, recordándonos la brevedad de la existencia.
La luz incide sobre los pétalos y las alas, resaltando sus texturas y colores. El tratamiento pictórico es detallado; se aprecia el cuidado en la representación de cada elemento, desde las vetas de las hojas hasta la estructura de las alas de las mariposas. La pincelada es suelta y expresiva, contribuyendo a una sensación de frescura y naturalidad.
En términos subtextuales, la obra puede interpretarse como una reflexión sobre el memento mori, un tema recurrente en el arte barroco que invita a la contemplación de la mortalidad. La belleza efímera de las flores, acentuada por la presencia de los insectos, nos recuerda la fugacidad del tiempo y la importancia de apreciar el presente. Asimismo, se puede considerar como una celebración de la naturaleza y su capacidad para generar vida y belleza, incluso en medio de la decadencia. El jarrón, a su vez, podría simbolizar la domesticación de la naturaleza, la imposición del orden humano sobre el caos natural.