John Singleton Copley – Brook Watson and the Shark
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El bote, con sus ocupantes visiblemente preocupados y algunos mostrando signos de angustia, se presenta como el último refugio ante una amenaza palpable: un tiburón que emerge de las profundidades acuáticas, su silueta imponente y amenazante. La disposición de los personajes en la embarcación es variada; algunos parecen esforzarse por remar, otros observan con horror la situación del hombre en el agua, mientras que uno, situado en la proa, se aferra a un palo como si buscara mantener el equilibrio o quizás, una conexión con la tierra firme.
El hombre que se debate en las olas exhibe una vulnerabilidad extrema. Su desnudez acentúa su fragilidad y desamparo frente a la fuerza implacable de la naturaleza. La luz incide sobre su cuerpo, resaltando los músculos tensos por el esfuerzo y la expresión de pánico en su rostro.
En el fondo, se divisa una ciudad portuaria con numerosos barcos anclados, sugiriendo un contexto de comercio marítimo y actividad humana. Sin embargo, esta civilización parece distante e indiferente ante el trágico evento que se desarrolla en primer plano. La presencia de individuos de diferentes etnias dentro del bote introduce una posible reflexión sobre la jerarquía social y las relaciones interpersonales de la época. El hombre de piel oscura, situado prominentemente en la composición, podría ser interpretado como un símbolo de marginalidad o, alternativamente, como un elemento que desafía las convenciones sociales imperantes.
La pintura plantea interrogantes sobre la fragilidad humana frente a la naturaleza salvaje, la vulnerabilidad ante el destino y la indiferencia del mundo civilizado ante el sufrimiento individual. La escena evoca una sensación de fatalismo e ineludibilidad, donde la lucha por la supervivencia se enfrenta a la implacable ley de la naturaleza. El contraste entre la seguridad relativa del bote y el peligroso entorno acuático intensifica la tensión dramática y genera una profunda reflexión sobre la condición humana.