Amalia Lindegren – Jane Cederlund
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La composición es formal y simétrica, propia de los retratos burgueses de la época. El fondo se presenta como una oscuridad uniforme, sin detalles que distraigan de la figura principal. Esta ausencia de contexto ambiental acentúa la importancia del personaje representado y contribuye a un ambiente solemne y contemplativo.
La mujer viste un vestido de terciopelo oscuro, probablemente burdeos o granate, con un escote adornado por encaje delicado. La riqueza del tejido y el detalle en el encaje sugieren una posición social acomodada. Un brazalete ornamentado adorna su muñeca izquierda, y sostiene en la mano derecha lo que parece ser un abanico cerrado, un accesorio común en los retratos femeninos de la época, utilizado tanto como elemento decorativo como para indicar modales y estatus.
La iluminación es suave y difusa, concentrándose en el rostro y el cuello de la mujer. Se aprecia una meticulosa atención al detalle en la representación de su cabello, peinado con rizos que enmarcan su rostro. Su expresión es serena, casi melancólica; los ojos transmiten una sensación de introspección y dignidad.
Más allá de la mera representación física, el retrato parece buscar transmitir un ideal de feminidad burguesa: la elegancia, la virtud y la compostura. La postura erguida, la mirada directa y la vestimenta refinada sugieren una mujer consciente de su posición social y deseosa de proyectar una imagen de respetoabilidad y decoro.
El abanico, en particular, podría interpretarse como un símbolo de control y discreción, elementos valorados en las mujeres de la época. La oscuridad del vestido, aunque lujoso, también puede evocar una cierta solemnidad o incluso una sutil tristeza, insinuando quizás las limitaciones impuestas a las mujeres dentro de su contexto social. La ausencia de cualquier otro objeto o elemento en el entorno refuerza esta sensación de introspección y aislamiento. En definitiva, la pintura es un documento visual que nos permite vislumbrar no solo la apariencia física de una mujer específica, sino también los valores y expectativas asociados con su género y clase social en la época en que fue creada.