Jerry Pinkney – I Want To Be | 32
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El elemento más llamativo es la presencia de un pez monumental que sirve de plataforma para el niño. Este no es un pez naturalista; su representación estilizada, con colores vibrantes – dorados, azules y amarillos– sugiere una entidad fantástica, casi mítica. La interacción entre el niño y el pez es ambigua: ¿el pez lo sostiene? ¿El niño se aferra a él para elevarse? Esta incertidumbre contribuye a la atmósfera onírica de la obra.
La paleta cromática es igualmente significativa. El rojo intenso de la camiseta del niño contrasta con los tonos pastel y acuáticos que dominan el fondo, creando un punto focal inmediato. Los verdes vibrantes en la parte inferior sugieren una base terrenal, aunque esta se diluye en la atmósfera etérea que envuelve al resto de la escena.
Subtextualmente, la pintura parece abordar el deseo de trascender las limitaciones físicas y sociales. El niño, posiblemente representando a un individuo joven, busca liberarse de los confines del mundo tangible, impulsado por una ambición o anhelo no especificado. La figura del pez podría interpretarse como una metáfora de la imaginación, la esperanza o incluso un protector simbólico que facilita esta elevación. La ausencia de detalles contextuales refuerza la universalidad del mensaje: se trata de una representación atemporal de la búsqueda personal y el anhelo de superación. La técnica pictórica, con sus pinceladas sueltas y acuarelas translúcidas, acentúa la sensación de fragilidad e inestabilidad inherente a este proceso de transformación.