Fedor Slavyansky – The cabinet of the artist Alexei Gavrilovich Venetsianov. Late 1830s - early 1840s
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
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El espacio está densamente poblado de objetos que sugieren un interés profundo por el arte clásico y la cultura erudita. Una estatua de mármol representando a una figura femenina desnuda domina la parte izquierda del plano, mientras que otra escultura, esta vez masculina y con atributos musicales, se alza sobre un pedestal central. En las paredes, varias pinturas decoran el espacio; entre ellas, destaca una escena mitológica con figuras desnudas, cuyo estilo parece evocar la antigüedad grecorromana.
Un hombre, sentado en un sillón de respaldo alto, ocupa un lugar prominente en la composición. Su postura relajada y su vestimenta elegante sugieren una actitud contemplativa y un cierto grado de comodidad en este entorno intelectual. Un pequeño perro se encuentra a sus pies, añadiendo un toque de familiaridad y cotidianidad al ambiente formal.
La disposición del mobiliario es deliberada: una mesa auxiliar con objetos diversos (un reloj de bolsillo, libros) se sitúa cerca del sillón, mientras que una puerta abierta revela otra estancia, más luminosa y con la presencia de otras figuras humanas, posiblemente miembros de la familia o invitados. Un espejo enmarcado refleja parcialmente el interior de esta segunda habitación, ampliando visualmente el espacio y creando una sensación de profundidad.
La paleta cromática es dominada por tonos cálidos: ocres, dorados y marrones que contribuyen a crear una atmósfera opulenta y ligeramente melancólica. La meticulosa representación de las texturas – la suavidad del mármol, la riqueza de los tejidos, el brillo del metal – denota un dominio técnico considerable por parte del artista.
Más allá de la mera descripción de un espacio físico, esta escena parece sugerir una reflexión sobre el papel del artista y su relación con la tradición cultural. El gabinete se convierte en un microcosmos donde convergen la erudición, la creatividad y el placer estético. La presencia de las esculturas y pinturas clásicas no es meramente decorativa; implica una búsqueda de inspiración y un diálogo constante con los grandes maestros del pasado. Se intuye una cierta nostalgia por un mundo idealizado, un refugio intelectual frente a las preocupaciones del presente. El hombre sentado en el sillón podría ser interpretado como la personificación del artista-erudito, absorto en su propio universo de ideas y sensaciones.