Part 1 Prado museum – Tiziano, Vecellio di Gregorio -- Felipe II, después de la Victoria de Lepanto, ofrece al Cielo al príncipe don Fernando
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En primer plano, un hombre ataviado con una armadura oscura sostiene en sus brazos a un niño pequeño, elevándolo hacia arriba. La expresión de este hombre es serena, casi contemplativa; su mirada se dirige al cielo, donde una figura alada desciende. El niño, por su parte, parece extender los brazos en gesto de bienvenida o entrega.
La figura alada, con sus alas desplegadas y un manto que le confiere una apariencia etérea, es el elemento central del conjunto. Sostiene un ramo de hojas de laurel, símbolo de victoria y gloria, y despliega un pendón con la inscripción Maiora tibi. Esta frase latina, “Mayores cosas para ti”, sugiere una promesa divina o una bendición sobre el niño que se presenta.
En segundo plano, a la izquierda, se aprecia una figura masculina desnuda, tendida sobre un lecho de tapices y objetos exóticos. Su postura transmite cansancio y derrota, contrastando fuertemente con la vitalidad y la esperanza irradiadas por los personajes principales. La presencia de estos elementos orientales – el tapiz ricamente decorado, las esferas que sugieren mapas o globos terráqueos – alude a la expansión territorial y el poderío del imperio representado.
La luz juega un papel fundamental en la composición. Un haz luminoso ilumina la figura alada y al niño, creando una atmósfera de trascendencia y divinidad. El resto de la escena se sume en una penumbra que acentúa el dramatismo y la solemnidad del momento.
Subyace a esta representación una compleja red de significados políticos y religiosos. La ofrenda del niño al cielo puede interpretarse como un acto de devoción, una súplica por su futuro o una justificación divina de su poder. El contraste entre la figura derrotada en el fondo y la exaltación del niño sugiere una transferencia de poder, una renovación de la dinastía y una reafirmación del orden establecido tras una victoria militar significativa. La presencia de elementos simbólicos como el laurel, el pendón con la inscripción latina y los objetos exóticos refuerza la idea de un imperio poderoso, bendecido por lo divino y destinado a la grandeza. El conjunto transmite una poderosa declaración de legitimidad y una visión idealizada del poder real.