Rafael – Sagrada Familia del Cordero Part 1 Prado museum
Part 1 Prado museum – Rafael -- Sagrada Familia del Cordero
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Rafael es uno de los artistas más famosos del Renacimiento. En sus obras (siempre prefirió los temas mitológicos o religiosos) las historias antiguas tomaron sangre y carne. Siempre deliciosamente corpóreos y tangibles, no representaban la santidad concentrada de los iconos, sino una especie de recordatorio de que Cristo no era sólo Dios, sino también hombre, y que su madre y su padre terrenales eran siempre humanos. "La Sagrada Familia" continúa esta tradición.
Descripción del cuadro La Sagrada Familia de Rafael Santi
Rafael es uno de los artistas más famosos del Renacimiento. En sus obras (siempre prefirió los temas mitológicos o religiosos) las historias antiguas tomaron sangre y carne. Siempre deliciosamente corpóreos y tangibles, no representaban la santidad concentrada de los iconos, sino una especie de recordatorio de que Cristo no era sólo Dios, sino también hombre, y que su madre y su padre terrenales eran siempre humanos.
"La Sagrada Familia" continúa esta tradición. Representa una escena familiar que podría haber tenido lugar en cualquier familia terrenal. Es un cálido día de verano, el niño Cristo está jugando con un cordero, ensillado con él. Su madre le ayuda a evitar que se resbale y se haga daño, José, apoyado en un bastón, les observa, dispuesto a acudir en su ayuda si es necesario. El habitual juego de los niños.
María está vestida de azul y escarlata, con el pelo cubierto por un chal blanco. José está vestido de azul y amarillo, es gris y tiene la cara surcada de arrugas. El bastón en sus manos no es más que un palo pulido. El cordero soporta en silencio al bebé sobre su espalda, mientras el niño mira interrogativamente a su madre. Con dudas y un poco insatisfecho. Parece que no le gusta que interfieran en su juego y está dispuesto a llorar para que los adultos sepan exactamente a qué se enfrenta.
En el horizonte se ve un castillo, una iglesia con una aguja azul, y toda la naturaleza que la rodea respira una calidez afectuosa sin ser llamativa. Sí, hay un cielo azul, ligeramente descolorido. Hay madera y tierra. Pero no son más que el fondo de los protagonistas.
Sin embargo, si se profundiza un poco más, queda claro que el cuadro tiene un segundo significado, que es un poco más complejo que el juego. El cordero es un símbolo del futuro sacrificio de Cristo, y si uno es consciente de ello, un futuro inexorable se cierne sobre el espectador. Una simple escena se convierte en un presagio del camino al Calvario y del sufrimiento.
Por muy mundana y comprensible que sea la escena, el espectro del futuro no puede librarse de ella.
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En esta composición se observa a una mujer sentada en el suelo, con un niño pequeño que interactúa con un cordero blanco. La figura femenina viste un manto azul intenso y una túnica roja, colores tradicionalmente asociados a la Virgen María. Su mirada está dirigida hacia abajo, mostrando una actitud de recogimiento y ternura. El niño, desvestido, parece acariciar al animal, estableciendo una conexión íntima entre ambos.
A su lado, un hombre mayor, con barba canosa y vestiduras ocres, se apoya en un bastón. Su presencia sugiere una figura protectora y sabia. La luz incide sobre los rostros de la mujer y el niño, resaltando sus expresiones y creando un contraste con las sombras que envuelven al hombre y el paisaje del fondo.
El entorno es un paraje rural con construcciones a lo lejos y montañas difuminadas en la distancia. Este escenario natural podría simbolizar la humildad y sencillez de la vida familiar. La presencia del cordero, animal emblemático en la iconografía cristiana, introduce una dimensión simbólica relacionada con el sacrificio y la redención.
La disposición de las figuras forma un triángulo compositivo que centra la atención en el grupo familiar. El gesto afectuoso entre el niño y el cordero sugiere una prefiguración del papel salvador de Cristo, representado como el Cordero de Dios. La mirada melancólica de la mujer podría aludir a su conocimiento del futuro sufrimiento de su hijo.
En general, la pintura transmite un sentimiento de paz, intimidad y devoción religiosa. Se percibe una atmósfera de recogimiento espiritual que invita a la contemplación y reflexión sobre los temas centrales de la fe cristiana: el amor familiar, el sacrificio y la redención. La delicadeza en la ejecución y la sutil paleta cromática sugieren un autor con dominio técnico y sensibilidad artística.