Part 1 Prado museum – Luini, Bernardino -- Salomé recibiendo la cabeza del Bautista
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El hombre a la derecha, con un semblante sombrío y una barba densa, sostiene la bandeja que contiene la cabeza. Su postura es tensa, casi forzada, sugiriendo una ejecución de orden ajeno, más que una participación entusiasta en el acto. La luz incide sobre su rostro, acentuando las líneas de preocupación o incluso arrepentimiento que podrían interpretarse en sus facciones.
La cabeza decapitada, situada en el centro de la composición, es quizás el elemento más impactante. A pesar de la brutalidad del evento representado, los rasgos son idealizados, casi bellos. Los ojos están cerrados en una expresión de paz, lo que contrasta fuertemente con la violencia del contexto. Se percibe un halo de luz tenue alrededor de la cabeza, otorgándole una cualidad casi mística, que podría interpretarse como una referencia a la santidad o al martirio.
La paleta cromática es rica y cálida, dominada por tonos ocres, dorados y rojizos, que contribuyen a crear una atmósfera opresiva y de decadencia. La luz, aunque presente, es tenue y difusa, acentuando las sombras y creando un ambiente de misterio y oscuridad. El fondo se reduce a una pared oscura con algunas ventanas que dejan entrever la noche, intensificando el dramatismo de la escena.
Subtextualmente, la pintura plantea interrogantes sobre la naturaleza del poder, la culpabilidad, la belleza y la muerte. La ambigüedad en las expresiones de los personajes invita a múltiples interpretaciones: ¿es Salomé una víctima o una cómplice? ¿El hombre es un ejecutor reacio o un instrumento del destino? La serenidad de la cabeza decapitada sugiere una trascendencia más allá de la violencia física, insinuando una redención o una victoria espiritual. La escena evoca una reflexión sobre las consecuencias de los actos humanos y la fragilidad de la vida frente a la crueldad. El uso de la luz y la sombra no solo define la forma, sino que también contribuye a la atmósfera general de inquietud y melancolía.