Pieter Coecke Van Aelst – Adoration of the Shepherds
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La composición se articula en torno a una estructura arquitectónica compleja. Arcos de medio punto enmarcan la escena, creando una sensación de profundidad y sugiriendo un espacio interior que se abre hacia un paisaje distante. Este paisaje, con su horizonte difuso y sus tonalidades azuladas, contrasta con la calidez de los colores predominantes en el primer plano.
La Virgen María ocupa un lugar prominente a la izquierda, vestida con una túnica azul ricamente drapeada. Su rostro, sereno y contemplativo, dirige la mirada hacia el niño, estableciendo una conexión emocional palpable. A su lado, un anciano de barba blanca, ataviado con ropajes ostentosos, parece ofrecerle algún objeto que no se distingue claramente.
A la derecha, otro hombre, también de edad avanzada y con un atuendo distintivo, extiende su mano hacia el niño en una actitud de bendición o presentación. Dos niños pequeños, vestidos con ropas suntuosas, se arrodillan ante el recién nacido, imitando el gesto de reverencia de los adultos.
En la parte superior del cuadro, tres ángeles descienden desde lo alto, sus alas extendidas en un movimiento dinámico que añade una dimensión celestial a la escena. La luz que ilumina a estos seres alados contribuye a crear una atmósfera mística y trascendente.
La paleta de colores es rica y vibrante, con predominio del azul, el rojo y el dorado. El uso contrastado de luces y sombras acentúa los volúmenes y modela las figuras, otorgándoles un realismo notable. El detalle en la representación de las texturas –la suavidad de las telas, la rugosidad de la barba, la tersura de la piel– es digno de mención.
Más allá de la narración explícita, se intuyen subtextos relacionados con la humildad y la divinidad. La sencillez del entorno contrasta con la riqueza de los vestimentas de algunos personajes, sugiriendo una reflexión sobre la naturaleza terrenal y celestial del evento representado. La presencia de los niños refuerza la idea de pureza e inocencia, mientras que la arquitectura monumental evoca un sentido de orden cósmico y trascendencia espiritual. La composición general transmite una sensación de devoción y asombro ante lo sagrado.