Franz Marc – 35791
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La paleta cromática es intensa y contrastada. Predominan los tonos ocres y dorados en las figuras de los caballos, colores cálidos que sugieren fuerza, vitalidad y quizás incluso un simbolismo asociado al sol o a la tierra. Estos matices se ven realzados por el marcado contraste con el cielo, pintado en una gama de azules profundos y violetas, salpicado de pinceladas blancas que simulan nubes. La intensidad del azul contribuye a crear una atmósfera opresiva, casi dramática, que acentúa la monumentalidad de las figuras equinas.
La técnica pictórica es deliberadamente tosca y simplificada. Las formas se reducen a sus elementos esenciales, con contornos gruesos y pinceladas visibles que enfatizan la subjetividad del artista. No se busca una representación realista; más bien, el objetivo parece ser transmitir una impresión emocional intensa. La distorsión de las proporciones y la ausencia de detalles precisan esta intención expresionista.
En cuanto a los subtextos, es posible interpretar la obra como una alegoría sobre la fuerza colectiva o la resistencia ante la adversidad. Los caballos, unidos en un movimiento que sugiere tanto avance como protección mutua, podrían simbolizar la solidaridad humana frente a desafíos imprevistos. La oscuridad del cielo y la postura de las figuras, mirando hacia atrás, sugieren también una reflexión sobre el pasado, sobre memorias dolorosas o sobre la carga de la historia. La ausencia de rostros impide cualquier lectura individualizada, universalizando así la experiencia representada. El conjunto evoca un sentimiento de melancolía y tensión contenida, propio del espíritu expresionista.