Wendell Minor – tikal
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La vegetación exuberante se despliega tras la efigie, creando un contraste vibrante con los tonos sombríos del rostro. Hojas de formas variadas y colores intensos se entrelazan, insinuando una jungla densa y salvaje. Dos aves tropicales, un tucán negro con su característico pico blanco y un guacamayo de plumajes rojizos y amarillos, posan sobre una rama que emerge del follaje. Su presencia introduce un elemento de vitalidad y color en la composición, al tiempo que refuerza el contexto geográfico de origen: una selva tropical.
La disposición de los elementos sugiere una relación entre lo humano y lo natural, lo ancestral y lo contemporáneo. La efigie podría interpretarse como un símbolo del poder, la sabiduría o la conexión con las raíces culturales. Las aves, por su parte, representan la fauna local y la riqueza biológica del entorno. El espacio vacío a la izquierda de la composición genera una sensación de desequilibrio intencionado, quizás aludiendo a la fragilidad de la civilización frente a la fuerza implacable de la naturaleza.
La paleta cromática, dominada por tonos verdes, negros y azules, contribuye a crear una atmósfera misteriosa y evocadora. La luz tenue que ilumina el rostro de la efigie acentúa su carácter imponente y sugiere una conexión con lo sagrado. En conjunto, la obra invita a la reflexión sobre temas como la historia, la cultura, la naturaleza y la relación entre el ser humano y su entorno.