Fra Filippo Lippi – The Adoration of the Magi, c. 1445, tempera on panel
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La disposición de los personajes no parece seguir un orden jerárquico estricto; más bien, se agolpan en torno a una figura central, representada con una luz dorada que la distingue del resto. Esta figura, junto con un niño pequeño, se encuentra ubicada sobre lo que parece ser un establo o pesebre, donde también se hallan presentes animales de granja: bueyes y ovejas. La presencia animal refuerza el simbolismo de humildad y sencillez asociado a la escena.
Los gestos son expresivos y variados: algunas figuras se arrodillan en señal de adoración, otras extienden las manos con reverencia, mientras que otras parecen observar con curiosidad o asombro. La diversidad de edades y apariencias entre los presentes sugiere una representación universal del acto de veneración; no se trata solo de reyes, sino de un pueblo entero prostrado ante la divinidad.
En el primer plano, a la izquierda, destaca una figura con una larga barba blanca que parece ofrecer un objeto precioso – posiblemente una joya o un recipiente – hacia la escena central. Su postura y expresión sugieren respeto y sumisión. La atención al detalle en los tejidos de las vestimentas, así como en los rasgos faciales de los personajes, revela un cuidado meticuloso por parte del artista.
El fondo se desvanece en una penumbra oscura, salpicada de puntos luminosos que podrían representar estrellas o destellos divinos. Esta oscuridad contrasta con la luminosidad de la escena central, acentuando su importancia y creando una sensación de misterio y trascendencia.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la fe, la humildad, la generosidad y el reconocimiento de lo divino en medio de la cotidianidad. La multitudinaria asistencia sugiere que la divinidad es accesible a todos, independientemente de su estatus social o riqueza material. El uso del color y la luz contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y devoción, invitando al espectador a participar en el acto de veneración representado.