Robert Lefevre – Pauline Bonaparte, Princess Borghese
Ubicación: Apsley House, The Wellington Museum
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La mujer se encuentra recostada sobre un diván de terciopelo verde oscuro, cuya textura contrasta con la suavidad aparente de sus ropas. Viste una túnica blanca, que evoca la estética clásica, adornada con bandas doradas que sugieren un origen noble o imperial. Un velo translúcido, también bordado con motivos dorados, cubre su cabello y se ajusta a su frente, realzando sus facciones. La joyería es discreta pero elegante: una diadema incrustada de piedras preciosas resalta la línea del cabello.
El rostro de la retratada irradia una serenidad estudiada. Su mirada es directa, aunque no penetrante; denota una mezcla de confianza y melancolía. La piel es pálida, idealizada, propia de los cánones estéticos de la época. La luz incide sobre su rostro y pecho, creando un juego de claroscuros que modelan sus rasgos y sugieren una sensualidad contenida.
Más allá de la representación literal, el retrato parece aludir a ideales de belleza neoclásica y a una posición social privilegiada. La referencia a la vestimenta griega o romana no es casual; busca asociar a la retratada con valores de virtud, elegancia y poder. El diván, símbolo de ocio y refinamiento, refuerza esta idea de pertenencia a una élite.
El velo, aunque cubre parcialmente el cabello, también puede interpretarse como un signo de modestia o incluso de misterio, añadiendo una capa de complejidad a la imagen. La expresión facial, ambigua entre la dulzura y la tristeza, invita a la reflexión sobre los sentimientos ocultos tras la apariencia pública. En definitiva, se trata de una representación que busca idealizar a la retratada, proyectando una imagen de nobleza, belleza y sofisticación, al tiempo que insinúa una profundidad emocional más allá de lo visible.