Terrance Lindall – TERRANCE4
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El foco principal es una figura monstruosa, grotesca y compleja. Su anatomía parece una amalgama de elementos animales e humanos, con rasgos que evocan tanto a un felino como a una criatura mitológica o demoníaca. La expresión en su rostro es una mezcla de furia y sufrimiento, exacerbada por la multiplicidad de ojos que lo adornan. Estos ojos, numerosos y desproporcionados, sugieren una visión omnisciente, pero también una angustia profunda.
Alrededor de esta figura central se despliega un paisaje poblado de otras criaturas igualmente inquietantes: figuras humanas deformadas, animales fantásticos con características exageradas, y formas indefinidas que parecen surgir del mismo suelo. La perspectiva es distorsionada, creando una sensación de claustrofobia y desorientación.
En la parte inferior izquierda, una figura humana prostrada, aparentemente en estado de sumisión o desesperación, sostiene un ojo humano entre sus manos. Este detalle podría interpretarse como una representación de la pérdida de la visión, tanto literal como metafórica; una alegoría sobre la ceguera ante la verdad o la incapacidad para comprender el horror que se presenta.
En la parte superior derecha, una figura humana con rasgos tribales observa una llama intensa, posiblemente simbolizando un ritual o una fuente de poder destructivo. La luz emitida por esta llama ilumina parcialmente la escena, proyectando sombras dramáticas y acentuando la atmósfera opresiva.
El autor parece explorar temas relacionados con el sufrimiento, la deformación física y moral, y la confrontación con lo abismal. La repetición de elementos como los ojos y las formas animales sugiere una obsesión por la dualidad entre lo humano y lo bestial, lo bello y lo grotesco. La técnica pictórica, con su textura granulada y sus colores saturados, contribuye a crear una atmósfera onírica y perturbadora, que invita a la reflexión sobre los aspectos más oscuros de la condición humana. La composición en sí misma parece representar un descenso a un infierno personal o colectivo, donde las convenciones sociales y morales se desmoronan.