John Constable – Hadleigh Castle, The Mouth of the Thames--Morning after a Stormy Night
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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La obra presenta una vista panorámica dominada por las ruinas de un castillo medieval en primer plano. Las estructuras se alzan sobre un promontorio rocoso, mostrando un avanzado estado de deterioro; arcos fragmentados y muros desmoronados sugieren el paso implacable del tiempo y la fuerza destructiva de los elementos.
El cielo ocupa una porción significativa del lienzo, caracterizado por una densa acumulación de nubes grises y oscuras que evocan las secuelas de una tormenta reciente. La luz tenue que se filtra entre las nubes ilumina parcialmente el paisaje, creando un contraste dramático entre las zonas claras y sombrías. Esta iluminación resalta la textura rugosa de las rocas y los muros del castillo, así como la vegetación dispersa en el terreno.
En la distancia, se vislumbra una extensión acuática que podría ser un río o una bahía, difuminada por la atmósfera brumosa. La presencia de figuras humanas diminutas y ganado pastando en el campo inferior añade una escala humana a la escena, enfatizando la vastedad del paisaje y la insignificancia del individuo frente a la naturaleza.
La paleta cromática es predominantemente terrosa, con tonos ocres, marrones y grises que refuerzan la sensación de melancolía y decadencia. La pincelada suelta y expresiva contribuye a crear una atmósfera dinámica y emotiva.
Subyacentemente, la pintura parece explorar temas como la transitoriedad de la gloria terrenal, el poder implacable del tiempo y la naturaleza, y la relación entre el hombre y su entorno. Las ruinas del castillo pueden interpretarse como un símbolo de impermanencia y pérdida, mientras que el paisaje salvaje y tormentoso sugiere una fuerza natural superior a la voluntad humana. La escena evoca una reflexión sobre la fragilidad de las construcciones humanas frente a la inmensidad y la indiferencia del mundo natural. Existe una clara evocación del sublime romántico, donde la belleza se encuentra en la grandiosidad y el poder abrumador de la naturaleza, incluso en su aspecto más destructivo.