Sodoma – Sodoma Flagellation of Christ
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La figura central es un hombre desnudo, atado a una columna mediante una corona de espinas. Su cuerpo muestra signos evidentes de sufrimiento: marcas de latigazos visibles en su torso y extremidades. A ambos lados de él, dos figuras masculinas ejecutan la flagelación con látigos, sus rostros tensos y concentrados en la tarea. Una tercera figura, vestida con una túnica verde, parece estar participando activamente en el acto, mientras que un soldado romano, a la derecha, observa la escena con una expresión ambivalente, posiblemente de desinterés o resignación.
En el fondo, se distinguen otras figuras: un hombre sentado en un sillón, presumiblemente un magistrado o autoridad religiosa, y otros personajes vestidos con ropas suntuosas que parecen ser espectadores del suplicio. La disposición de estos últimos sugiere una atmósfera de indiferencia o incluso de placer ante la crueldad de la escena.
La paleta cromática es dominada por tonos terrosos: ocres, marrones y rojos, que contribuyen a crear un ambiente sombrío y opresivo. El uso del desnudo, aunque común en representaciones religiosas de la época, aquí adquiere una carga particular debido al contexto violento y el énfasis en el sufrimiento físico.
Subtextualmente, la obra plantea interrogantes sobre la naturaleza del poder, la justicia y la compasión. La indiferencia mostrada por los espectadores contrastando con el dolor del hombre flagelado sugiere una crítica a la corrupción moral de la sociedad. El detalle de la corona de espinas, símbolo de la pasión de Cristo, evoca temas de sacrificio, redención y sufrimiento vicario. La composición, aunque aparentemente sencilla, está cargada de simbolismo y alude a complejas cuestiones teológicas y morales que invitan a una reflexión profunda sobre la condición humana. La postura del soldado romano, con su mirada esquiva, podría interpretarse como un comentario sobre la complicidad en actos injustos o la incapacidad para cuestionar la autoridad establecida.