Julius Jacob – Humboldthafen and Lehrter Bahnhof in Berlin
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La composición se articula alrededor de la línea horizontal del agua y del horizonte distante. La atmósfera general está cargada de una bruma o niebla que atenúa los colores y difumina los contornos, creando una sensación de distancia y melancolía. Los edificios al fondo, aunque numerosos, son representados con cierta imprecisión, sugiriendo la escala masiva de la ciudad pero también su lejanía y opacidad.
En primer plano, se aprecian elementos que indican actividad humana: un carromato abandonado, figuras montadas a caballo o en vehículos tirados por caballos, y una vegetación escasa y desorganizada. La presencia del agua, aunque aparentemente tranquila, contrasta con la energía implícita de los trenes visibles en la estación lejana. El humo que emana de las chimeneas y locomotoras contribuye a esta sensación de dinamismo industrial, pero también introduce una nota de contaminación y posible degradación ambiental.
La paleta cromática es dominada por tonos terrosos: ocres, marrones, grises y verdes apagados. Los toques de luz que se reflejan en el agua y en las superficies metálicas del puente sugieren un día nublado o con niebla. La pincelada es suelta y expresiva, más preocupada por captar la atmósfera general que por reproducir los detalles con precisión fotográfica.
Subtextualmente, la obra parece explorar la tensión entre la naturaleza y el progreso industrial. La ciudad se presenta como un organismo en expansión, pero también como una entidad potencialmente amenazante para el entorno natural. La figura humana queda relegada a un segundo plano, casi absorbida por la inmensidad del paisaje urbano. Se intuye una reflexión sobre los cambios sociales y económicos que caracterizan la era industrial, con su promesa de modernidad y prosperidad, pero también con sus posibles consecuencias negativas. La sensación general es de contemplación melancólica ante el paso del tiempo y la transformación irreversible del mundo moderno.