Vladimir Orlovsky – Neighborhoods of Kyiv. Above the Dnieper
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El río, elemento central de la escena, ocupa gran parte del espacio pictórico y refleja los tonos suaves de un cielo diurno, posiblemente al amanecer o atardecer, donde una luz dorada se difunde sobre las aguas. La orilla opuesta se revela como una extensión plana, salpicada por estructuras que sugieren asentamientos humanos, aunque su carácter específico permanece ambiguo debido a la distancia y la atmósfera brumosa.
La vegetación, representada con pinceladas rápidas y expresivas, contribuye a crear una sensación de profundidad y amplitud. Los árboles, situados en primer plano, actúan como marcos visuales que encuadran la vista del río y el paisaje más allá. Su follaje denso contrasta con la claridad del cielo y la lejanía de las estructuras urbanas.
La paleta cromática se caracteriza por tonos terrosos y azules suaves, predominando los ocres, verdes apagados y azules pálidos que evocan una atmósfera serena y melancólica. La luz, difusa y uniforme, contribuye a crear una sensación de quietud y contemplación.
Más allá de la mera representación del paisaje, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza. Las figuras humanas, diminutas e insignificantes frente a la inmensidad del río y el cielo, simbolizan la fragilidad de la existencia humana en contraste con la permanencia del entorno natural. La senda que recorren podría interpretarse como un camino hacia lo desconocido, una metáfora de la vida misma.
La atmósfera brumosa y la perspectiva aérea contribuyen a crear una sensación de misterio e idealización. El paisaje se presenta no tanto como una representación realista, sino más bien como una visión subjetiva, impregnada de emociones y recuerdos. Se intuye un anhelo por la conexión con la tierra, una búsqueda de refugio en la belleza natural frente a las incertidumbres de la vida urbana. La pintura invita a la contemplación silenciosa, a la reflexión sobre el paso del tiempo y la fugacidad de la existencia.