Daniel Merriam – WholeintheTheory
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La paleta cromática domina en tonos verdosos, azulados y ocres, creando una atmósfera acuosa y ligeramente opresiva. La técnica pictórica sugiere una mezcla de acuarela y óleo, con pinceladas sueltas y texturas variadas que contribuyen a la sensación de irrealidad.
En el tímpano del arco, se aprecia un rostro humano, representado de manera estilizada y con una expresión ambigua, casi perturbadora. La presencia de este rostro, elevado sobre la estructura arquitectónica, podría interpretarse como una alegoría de la vigilancia o del juicio.
La parte inferior de la composición está poblada por una profusión de objetos y figuras fragmentadas: caracolas marinas, bustos con rasgos faciales apenas insinuados, elementos orgánicos indefinidos que recuerdan a algas o corales, y un prominente sapo posado sobre lo que parece ser un tablero de ajedrez. La presencia del anfibio, situado en una posición aparentemente dominante, introduce un elemento simbólico asociado a la transformación, el cambio y, posiblemente, a la dualidad entre lo racional y lo instintivo.
El tablero de ajedrez, con sus casillas desordenadas y parcialmente sumergidas, sugiere una ruptura del orden lógico y una disolución de las reglas establecidas. La abundancia de elementos inconexos y la distorsión de la perspectiva contribuyen a generar una sensación de inestabilidad y ambigüedad.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la fragilidad de los sistemas de conocimiento, la naturaleza ilusoria de la realidad y la tensión entre el orden y el caos. La arquitectura monumental, pero al mismo tiempo decadente, podría simbolizar las estructuras intelectuales que se desmoronan bajo el peso de sus propias contradicciones. El jardín formal, visible a través del arco, representa quizás una idealización inalcanzable, un paraíso perdido o una promesa vacía. En definitiva, la pintura invita a una reflexión sobre los límites de la comprensión humana y la naturaleza esquiva de la verdad.