William Victor Higgins – File9509
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La paleta cromática se caracteriza por una predominancia de tonos terrosos: ocres, sienas y marrones que definen las formaciones rocosas y la tierra. Estos colores cálidos contrastan con los azules y blancos empleados para representar el agua y la nieve en las montañas, creando un juego visual que acentúa la profundidad del espacio. La pincelada es suelta y expresiva, sugiriendo más que definiendo las formas. Se aprecia una cierta deliberación en la aplicación de la acuarela, con áreas diluidas que transmiten transparencia y otras más concentradas que resaltan texturas.
En el plano medio, se vislumbran construcciones rudimentarias, probablemente viviendas o dependencias agrícolas, integradas discretamente en el paisaje. Su presencia sugiere una ocupación humana del territorio, aunque la escala reducida de estas edificaciones las hace parecer secundarias frente a la grandiosidad natural que las rodea. La cerca de madera, situada en primer plano a la izquierda, actúa como un elemento delimitador, separando al espectador del espacio representado y reforzando la sensación de distancia.
Más allá de la mera descripción física, esta pintura parece explorar una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza. La escala reducida de las construcciones humanas frente a la inmensidad del paisaje sugiere una humildad ante la fuerza natural. La presencia del río, como elemento vital que atraviesa todo el territorio, podría interpretarse como un símbolo de continuidad y renovación. El uso de colores apagados y la pincelada difusa contribuyen a crear una atmósfera melancólica y contemplativa, invitando al espectador a la reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la persistencia del paisaje. La composición, en su conjunto, transmite una sensación de quietud y aislamiento, evocando un sentimiento de paz y conexión con el entorno natural.