Vladimir Borovikovsky – Portrait of Dmitry Prokofievich Troshchinsky
Ubicación: State Russian Museum, St. Petersburg (Государственный Русский Музей).
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La iluminación es clara y dirigida, resaltando los volúmenes faciales y la textura de las telas. Se aprecia un juego de luces y sombras que modela el rostro, otorgándole una apariencia tridimensional y realística. La piel muestra una tonalidad rosácea, sugerente de buena salud y vitalidad.
El hombre está vestido con un uniforme ceremonial, adornado con numerosas condecoraciones y medallas que denotan su rango y servicio a la corona. El rojo intenso del cuello alto contrasta con el negro del abrigo, creando un efecto visual llamativo y reforzando la impresión de poder y jerarquía. La meticulosa representación de los detalles textiles – el brillo de las sutiles filigranas en el chaleco, la textura aterciopelada del cuello – revela una maestría técnica por parte del artista.
La expresión facial es compleja: se percibe una mezcla de seriedad y cierta melancolía. La mirada directa al espectador establece un vínculo inmediato, invitando a la contemplación y a la evaluación. No obstante, los ojos sugieren una introspección profunda, quizás incluso una carga emocional oculta tras la fachada pública.
El fondo es oscuro y difuso, casi abstracto, lo que concentra la atención en el sujeto principal. Se intuyen algunas formas nebulosas, posiblemente elementos arquitectónicos o paisajes brumosos, pero estos se diluyen en la penumbra, sirviendo únicamente como un telón de fondo neutro para destacar al retratado.
En cuanto a los subtextos, la pintura transmite una sensación de solidez y estabilidad, características propias del poder establecido. La ostentación de las insignias militares sugiere una vida dedicada al servicio público y a la defensa de la patria. Sin embargo, la expresión facial ambigua introduce una nota de complejidad que invita a cuestionar la naturaleza del poder y los sacrificios personales que conlleva. La pose, aunque formal, no es rígida; hay una cierta naturalidad en el gesto que sugiere un hombre consciente de su posición pero también humano y vulnerable. La pintura, por tanto, no solo documenta la apariencia física de un individuo, sino que también intenta capturar algo de su esencia interior, dejando al espectador con una impresión duradera de dignidad, autoridad y una sutil melancolía.