Vladimir Borovikovsky – Portrait of Anna Labzina with her pupil Sofia Mudrova
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
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La mujer está vestida con un sencillo vestido blanco de cuello fruncido, adornado con una capa anaranjada que se envuelve alrededor de sus hombros y cae con elegancia sobre el lienzo. Su cabello, peinado en rizos elaborados, enmarca su rostro con una expresión serena y contemplativa. La luz incide suavemente sobre su piel, resaltando la textura y los detalles sutiles de su semblante.
La niña, situada a su izquierda, se apoya contra el cuerpo de la mujer, mirando hacia abajo con una expresión melancólica o quizás tímida. Viste un atuendo similar al de la adulta, aunque más simple, y lleva un collar de perlas que sugiere un cierto estatus social. La paleta de colores es dominada por tonos fríos – blancos, azules verdosos – contrastados por el cálido naranja de la capa, creando una armonía visual que enfatiza la conexión entre las dos figuras.
El fondo, difuminado y oscuro, se compone de tonalidades verdes y azuladas que sugieren un paisaje natural, aunque sin detalles específicos. Esta ausencia de elementos contextuales refuerza la importancia del retrato en sí mismo, centrándonos en la relación entre la mujer y la niña.
Más allá de una simple representación física, esta pintura parece explorar temas de tutoría, protección maternal o quizás una relación de mentoría. La postura de la mujer, que acoge a la niña con ternura, sugiere un rol activo en su desarrollo y bienestar. El gesto de la niña, al bajar la mirada, podría interpretarse como sumisión, respeto o incluso una cierta vulnerabilidad ante la figura adulta. La pintura evoca una atmósfera de intimidad y afecto, invitando a la reflexión sobre las dinámicas interpersonales y los roles sociales que se representan en el retrato. La sutilidad de las expresiones faciales y la delicadeza del tratamiento lumínico contribuyen a crear una obra de gran sensibilidad emocional.