Maurice Denis – 18652
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El autor ha dispuesto una cruz horizontal prominente, ocupando gran parte del espacio superior. De ella cuelga una figura humana, cuyo rostro se adivina apenas esbozado en tonos rojizos, sugiriendo sufrimiento y vulnerabilidad. La postura de la figura crucificada es tensa, con los brazos extendidos a lo largo de la madera.
En primer plano, un grupo de figuras vestidas de negro rodea la cruz. Sus rostros permanecen ocultos en la sombra, creando una sensación de anonimato e impersonalidad que acentúa su papel como agentes de la ejecución. La disposición de estas figuras es dinámica, con brazos alzados hacia arriba, enfatizando el acto de condenación.
El paisaje de fondo se presenta difuso y descolorido, con tonos azulados y amarillentos que sugieren un amanecer o atardecer crepuscular. Una hilera de árboles y una multitud distante delinean el horizonte, pero sin ofrecer detalles concretos, contribuyendo a la atmósfera general de misterio y trascendencia. En el extremo derecho del paisaje se distinguen algunas figuras con lanzas, reforzando la idea de violencia y persecución.
La paleta cromática es limitada, dominada por tonos oscuros y apagados que contrastan con los destellos de color naranja en la figura crucificada y los amarillos de unas flores silvestres que aparecen en el extremo izquierdo del primer plano. Esta combinación de colores acentúa la tensión dramática de la escena y dirige la atención hacia los elementos centrales.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas universales como el sacrificio, la injusticia y la pérdida. La ausencia de detalles individualizantes en las figuras sugiere una reflexión sobre la condición humana y la capacidad del individuo para perpetrar actos de crueldad. La simplificación formal y la atmósfera opresiva invitan a la contemplación silenciosa y a la introspección personal. El uso de la luz, aunque tenue, resalta el simbolismo de la figura central, sugiriendo una posible redención o trascendencia del sufrimiento.