Donna Howell – kb Howell-Sickles Donna-Green Pears
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El joven, vestido con ropa informal –una camisa roja y pantalones vaqueros – parece estar en el centro de una interacción inusual. Sostiene una pera en su mano extendida, mientras que dos caballos, representados con tonos ocres y amarillos intensos, se inclinan hacia él para alcanzar la fruta. La representación estilizada de los equinos, casi caricaturesca, contribuye a la sensación de irrealidad. Un tercer caballo aparece parcialmente visible en el extremo izquierdo del plano, reforzando la idea de un entorno poblado por estos animales.
En la parte inferior de la composición, un perro rojizo yace sobre una superficie que se asemeja a una alfombra o tapiz. La postura relajada del animal contrasta con la aparente tensión en el rostro del joven, quien parece observar la escena con una mezcla de sorpresa y resignación. La cuerda azul que rodea al perro introduce un elemento de contención, sugiriendo una relación domesticada pero también potencialmente restrictiva.
El uso del color es notable. La paleta limitada, dominada por tonos cálidos y fríos contrastantes, crea una atmósfera a la vez inquietante y atractiva. La iluminación parece provenir de una fuente externa no visible, proyectando sombras que definen las formas y acentúan el volumen de los personajes.
Subtextualmente, la pintura podría interpretarse como una alegoría sobre la vulnerabilidad humana frente a fuerzas externas o incontrolables. Los caballos, símbolos tradicionales de poder y libertad, parecen estar manipulando al joven, quien se encuentra en una posición pasiva y dependiente. La pera, un símbolo de abundancia y conocimiento, se convierte en objeto de deseo compartido, exacerbando la dinámica de poder. La presencia del perro, como guardián o compañero leal, añade otra capa de complejidad a la narrativa visual. En general, la obra evoca una sensación de extrañeza y ambigüedad, invitando al espectador a reflexionar sobre las relaciones entre el individuo y su entorno, así como sobre los límites de la autonomía personal. La artificialidad del contexto sugiere una puesta en escena deliberada, un escenario construido para explorar temas psicológicos o sociales más profundos.