Metropolitan Museum: part 2 (Iráklion) – El Greco (Greek, Candia 1540/41–1614 Toledo) - View of Toledo
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ВИД ТОЛЕДО
Лентами идут пласты пространства,
Вьётся сложно городской предел.
Метафизика домов – богатство,
Что познаньем приобресть хотел.
Мало ли желаний – исступлённы,
Донимают бедный-бедный мозг.
Маньеризм пейзажные законы
Подчинить холстом Эль Греко смог.
Вьётся изощрённо лента яви.
Небеса не монолитны то ж.
Зелени густоты кто же вправе
Отрицать? Здесь отрицанье ложь.
Рыцари по улицам ходили.
Будто кости белые дома.
Город – как разрозненные были:
Нечто – явно сложное весьма –
Единит их целостностью яви.
Стрелы и густоты облаков.
Я гляжу на них. Уверен я ли
В том, что я гляжу? Избыток слов.
Я есть я. Мне жизнь моя известна.
Я о ней не знаю ничего.
По Толедо я бреду – окрестно
Живописи старой торжество.
Я есть я. Пейзаж, укоренённый
В данности сверхсилой ключевой –
И взираю я, заворожённый
Тайною…настолько неземной…
No se puede comentar Por qué?
La composición se divide en dos zonas principales: el primer plano, ocupado por una vegetación exuberante y un curso fluvial serpenteante; y el segundo plano, donde se alza la ciudad, densamente poblada de edificaciones que se apiñan unas sobre otras. La luz es dramática, con fuertes contrastes entre las áreas iluminadas por la nube rasgada en la parte superior e intensas zonas de sombra que cubren gran parte del paisaje y la ciudad misma. Esta iluminación crea una atmósfera cargada de tensión y misterio.
El cielo, turbulento y amenazante, se presenta como un elemento crucial en la obra. Las nubes, pintadas con pinceladas vigorosas y expresivas, sugieren una inestabilidad emocional y una posible tormenta inminente. La paleta cromática es predominantemente oscura, con tonos verdes terrosos en el primer plano que contrastan con los grises y ocres de la ciudad. El uso del color no busca la fidelidad mimética, sino más bien la expresión de un estado anímico particular.
Más allá de una mera descripción geográfica, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la fragilidad humana frente a la naturaleza y el poderío arquitectónico. La ciudad, aunque imponente en su tamaño, se ve eclipsada por la fuerza del cielo y la exuberancia del paisaje. La presencia del río, que fluye sinuosamente entre las rocas y la vegetación, podría interpretarse como un símbolo de la vida y el cambio constante, contrastando con la aparente permanencia de la ciudadela. La atmósfera general invita a una contemplación melancólica sobre el paso del tiempo y la relación entre el hombre y su entorno. Se intuye una carga simbólica en la representación de la ciudad, posiblemente aludiendo a su importancia histórica o religiosa, aunque esto queda velado por la intensidad emocional que impregna la escena.