Justus Sustermans – Portrait of Ferdinando II de Medici
Ubicación: Palazzo Pitti, Firenze.
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La paleta cromática se centra en tonos cálidos: el rojo intenso del atuendo contrasta con los matices más terrosos de la piel y el cabello oscuro. El tratamiento de la piel es particularmente llamativo; no se presenta como una superficie lisa y uniforme, sino que está marcada por una proliferación de pequeñas protuberancias o lesiones, lo cual genera una sensación de extrañeza e incomodidad en el espectador. Esta característica distintiva domina la imagen y desvía inevitablemente la atención del resto de los elementos.
La inscripción en latín situada en la parte superior –“IL NONO GIORNO DEL VAJOLO DI FERD’II GRA D’TU 1626”– ofrece una clave interpretativa crucial. La palabra vajolo alude a una enfermedad cutánea, probablemente sífilis, que afectó al retratado. El texto, por tanto, no es un mero título, sino una declaración explícita de la condición física del individuo representado.
La obra parece trascender el retrato convencional para convertirse en una reflexión sobre la fragilidad humana y la vulnerabilidad ante la enfermedad. La serenidad del rostro, contrastada con la evidencia visible de sufrimiento físico, sugiere una aceptación estoica o incluso una forma de desafío a las adversidades. El autor no busca ocultar la condición del retratado; al contrario, la exhibe con crudeza, lo que podría interpretarse como un acto de honestidad brutal o una exploración de los límites de la representación artística.
La ausencia de elementos decorativos o contextuales refuerza el enfoque en la figura central y su padecimiento. El fondo oscuro actúa como un telón de fondo neutro que acentúa aún más la singularidad del rostro y la textura de la piel. En definitiva, esta pintura es una meditación sobre la condición humana, marcada por la enfermedad, la mortalidad y la búsqueda de significado en medio del sufrimiento.