Yoshitoshi – 067 Inamura Promontory Moon At Daybreak Inamuragasaki no akebono no tsuki
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Aquí se observa una escena costera de marcado carácter evocador. El plano general revela un paisaje marino al amanecer, donde el cielo exhibe tonalidades pastel que sugieren la transición entre la noche y el día. Una luna menguante, aún visible en el firmamento, coexiste con los primeros rayos solares, creando una atmósfera de quietud y contemplación.
En primer plano, destaca la figura imponente de un guerrero ataviado con armadura completa. Su postura, ligeramente inclinada hacia adelante, sugiere una actitud de observación o incluso de espera. El rostro del samurái, parcialmente oculto por su casco, irradia una serenidad que contrasta con la rigidez de su equipamiento y la naturaleza potencialmente peligrosa de su oficio. El gesto de levantar un tubo de visión (un kachi-gasane) hacia el horizonte refuerza esta impresión de vigilancia y conexión con el entorno.
A la derecha, se aprecia la presencia de una figura secundaria, presumiblemente un sirviente o compañero del guerrero. Su expresión es más contenida, casi reverencial, lo que acentúa la importancia y el aura de autoridad que rodea a la figura principal.
El mar, representado con olas dinámicas y espumosas, ocupa una parte considerable del espacio pictórico. Su movimiento constante contrasta con la quietud aparente de los personajes, sugiriendo quizás la dualidad entre la estabilidad interior y la incesante fluidez de la vida. La línea costera, delineada por rocas y vegetación escasa, establece un límite físico que delimita el espacio observado.
La composición, vertical y centrada en la figura del guerrero, transmite una sensación de solidez y permanencia. El uso de colores vibrantes, aunque atenuados por la luz matutina, contribuye a crear una atmósfera de belleza melancólica.
Más allá de la representación literal de un paisaje costero y un samurái, esta obra parece aludir a temas como la contemplación, el deber, la conexión con la naturaleza y la fugacidad del tiempo. La yuxtaposición de elementos naturales (luna, sol, mar) y humanos (guerrero, sirviente) invita a una reflexión sobre la condición humana y su lugar en el universo. La serenidad del guerrero, a pesar de su rol como protector o combatiente, sugiere una búsqueda de equilibrio entre la fuerza y la paz interior.