Paul Cezanne – THE HOUSE WITH CRACKED WALLS,1892-94, COLL.IRA HAUPT
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El entorno inmediato de la casa está definido por una pendiente pronunciada, cubierta de vegetación densa y variada. Se distinguen árboles de hoja perenne, con sus copas oscuras contrastando con el cielo nublado que se extiende sobre ellos. La luz es difusa, creando una atmósfera melancólica y algo opresiva. La paleta cromática se centra en tonos terrosos – amarillos, ocres, marrones – matizados por verdes apagados y azules grises en la parte superior de la composición.
El autor ha empleado pinceladas visibles y fragmentadas, que contribuyen a una sensación de inestabilidad visual. La perspectiva no es convencional; los elementos parecen comprimidos y dispuestos de manera deliberada para crear una impresión de profundidad, pero sin adherirse a las reglas clásicas de representación espacial.
Más allá de la mera descripción de un paisaje rural, esta pintura parece explorar temas relacionados con el paso del tiempo, la decadencia y la vulnerabilidad. La grieta en la pared no es solo un detalle descriptivo; funciona como una metáfora visual que alude a la fragilidad de las estructuras humanas, tanto físicas como sociales. La casa, aislada en su posición elevada, podría interpretarse como símbolo de soledad o resistencia frente a fuerzas externas. El entorno natural, aunque exuberante, no ofrece consuelo, sino más bien un telón de fondo sombrío para la decadencia visible. La ausencia de figuras humanas refuerza esta sensación de aislamiento y abandono. En definitiva, el autor nos invita a reflexionar sobre la transitoriedad de las cosas y la inevitable erosión que afecta a todo lo que construimos.