Paul Cezanne – STILL LIFE WITH APPLES,1895-98, MOMA NY,VENTURI 736
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La paleta es dominada por tonos terrosos: ocres, marrones y grises que se mezclan con los colores vibrantes de las frutas. La luz, aunque no dramática, ilumina los objetos desde un ángulo lateral, acentuando sus texturas y volúmenes. Se aprecia una búsqueda deliberada de la solidez en cada forma; las frutas parecen palpables, casi tangibles.
El paño blanco, con sus pliegues complejos, actúa como un elemento central, dirigiendo la mirada del espectador a través de la composición. Su textura rugosa contrasta con la suavidad aparente de las frutas, generando una tensión visual interesante. La disposición aparentemente casual de los objetos sugiere una observación directa de la naturaleza, pero al mismo tiempo, se percibe una intencionalidad en su organización.
Más allá de la representación literal de un bodegón, esta obra parece explorar la relación entre el objeto y la percepción. El autor no busca idealizar las frutas, sino presentarlas con sus imperfecciones y particularidades. La repetición de formas geométricas simples – esferas, cilindros – contribuye a una sensación de orden subyacente, aunque la superficie pictórica se presenta fragmentada y desestructurada.
Se intuye una reflexión sobre el paso del tiempo y la transitoriedad de la belleza. Las frutas, símbolos de abundancia y vitalidad, también son recordatorios de la decadencia inevitable. La atmósfera general es contemplativa, invitando a una observación pausada y atenta de los detalles. El bodegón se convierte así en un espacio para la meditación sobre la existencia y la fugacidad del instante.