Paul Cezanne – STILL LIFE WITH APPLES,C.1890, EREMITAGET
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La disposición es relativamente sencilla: una fuente de cerámica blanca sirve como soporte para varias manzanas de un rojo intenso, algunas con reflejos que indican pulimiento o brillo. A su izquierda, se encuentran unos cítricos verdes, posiblemente limones o limas, y un limón amarillo que destaca por su color contrastante. Una planta pequeña, en una maceta metálica, se ubica a la izquierda del conjunto, aportando un elemento de vida vegetal adicional.
La técnica pictórica es notablemente expresiva. Las pinceladas son visibles y deliberadamente toscas, contribuyendo a una sensación de solidez y materialidad en las frutas. No se busca la imitación fiel de la realidad, sino más bien una interpretación subjetiva de los volúmenes y las formas. La luz, aunque no dramática, modela las superficies, acentuando el relieve y creando sombras que sugieren profundidad.
Más allá de la mera representación de objetos cotidianos, esta pintura parece explorar temas relacionados con la transitoriedad y la decadencia. Las frutas, símbolos de abundancia y vitalidad, están representadas en un estado cercano a la madurez, insinuando su inevitable deterioro. La simplicidad del escenario y la ausencia de figuras humanas refuerzan una sensación de quietud melancólica y reflexión sobre el paso del tiempo. El bodegón, tradicionalmente asociado con la vanitas barroca, adquiere aquí una nueva dimensión, desprovista de simbolismo religioso explícito pero cargada de una sutil carga emocional. La elección de colores, dominados por tonos cálidos y terrosos, contribuye a esta atmósfera introspectiva y contemplativa.