Albrecht Dürer – St Jerome
Ubicación: National Museum of Ancient Art, Lisbon (Museu Nacional de Arte Antiga).
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Aquí se observa a un hombre de edad avanzada, con una barba y cabello largos y blancos que le dan un aspecto severo y contemplativo. Su rostro está marcado por profundas arrugas, testimonio del paso del tiempo y quizás de una vida dedicada al estudio y la reflexión. Viste una túnica roja, cuyo intenso color contrasta con el tono apagado de su piel y la atmósfera general de introspección que emana la escena. Una mano reposa sobre su sien, en un gesto que sugiere cansancio mental o una profunda concentración.
El hombre se encuentra en lo que parece ser un estudio o biblioteca. A sus pies, una mesa desordenada alberga varios libros abiertos, herramientas de escritura y un cráneo humano. La presencia del cráneo es particularmente significativa; actúa como memento mori, recordatorio constante de la mortalidad y la fugacidad de la vida terrenal. La disposición de los objetos sobre la mesa sugiere una labor intelectual interrumpida, un momento de pausa en el proceso de aprendizaje o escritura.
En el fondo, a través de una cortina verde que delimita el espacio, se vislumbra una pequeña representación de una crucifixión. Esta imagen, aunque secundaria en tamaño, es crucial para comprender las implicaciones espirituales del cuadro. La crucifixión sirve como un punto focal de redención y sacrificio, ofreciendo un contrapunto a la reflexión sobre la muerte que simboliza el cráneo.
El autor ha logrado crear una atmósfera de profunda melancolía y contemplación. La luz, aunque presente, es tenue y difusa, contribuyendo a la sensación de introspección y solemnidad. La composición se centra en la figura del hombre, quien parece sumido en sus propios pensamientos, confrontando las grandes preguntas sobre la vida, la muerte y el significado de la existencia. El conjunto transmite una reflexión sobre la fragilidad humana frente a la eternidad, invitando al espectador a considerar su propia mortalidad y la importancia de la fe. La paleta de colores, dominada por tonos terrosos y el rojo intenso de la túnica, refuerza esta sensación de gravedad y solemnidad.