Roerich N.K. – Coming (sketch for "Red Rider")
Ubicación: International N.K. Roerich’s Center-Museum, Moscow (Международный Центр-Музей им. Н.К. Рериха).
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En la parte superior, un cielo carmesí domina la escena. Este color intenso, asociado con la pasión, el conflicto y lo primordial, se ve salpicado por formas ondulantes que sugieren movimiento turbulento o quizás una representación estilizada de llamas. Un sol radiante, aunque simplificado en su forma, irradia luz desde este espacio superior, mientras que puntos luminosos dispersos podrían interpretarse como estrellas o cuerpos celestes. En el centro de esta zona, una figura ecuestre emerge con fuerza. El jinete, vestido con ropajes rojos y montado sobre un caballo igualmente carmesí, proyecta una imagen de poderío y determinación. La lanza que empuña apunta hacia arriba, reforzando la sensación de ascensión o avance.
La franja central presenta un cambio radical en el tono: un horizonte azul turquesa se extiende a lo largo de toda la composición. Sobre este fondo acuático, se alzan estructuras arquitectónicas con cúpulas bulbosas que recuerdan a una arquitectura oriental o medieval. Alrededor de estas construcciones, pequeñas figuras y animales estilizados pueblan el paisaje, creando un ambiente de comunidad o ritualidad. A la derecha, una figura humana, vestida con ropajes blancos, parece observar la escena desde una posición ligeramente elevada, posiblemente actuando como intermediario entre los mundos superior e inferior.
La zona inferior se reduce a un marco rojo intenso que enmarca toda la imagen, acentuando su carácter de visión o sueño contenido. Este borde actúa como una barrera visual, separando el mundo representado del espectador y enfatizando su naturaleza simbólica.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de poder, destino y transición. La figura ecuestre podría representar un héroe mítico, un profeta o incluso una personificación de la fuerza vital que se abre paso a través de obstáculos. El contraste entre el cielo rojo y el horizonte azul sugiere una tensión entre lo terrenal y lo divino, entre la pasión y la serenidad. La presencia de las figuras humanas en la zona inferior podría simbolizar la humanidad observando o participando en un evento trascendental. La arquitectura con cúpulas evoca un sentido de tradición, espiritualidad y conexión con el pasado. En conjunto, la pintura transmite una sensación de anticipación, de un momento crucial antes de un cambio significativo. La simplificación de las formas y la paleta cromática limitada contribuyen a crear una atmósfera de misterio y ambigüedad, invitando al espectador a interpretar los símbolos y a construir su propia narrativa.